Cómo fotografiar fauna nocturna

Salto de gineta, Camara Sony A580, objetivo 50mm en apsc, ISO200, exposicion 160 en F10, cuatro flashes a 1 octavo de potencia
Salto de gineta. Exif: Sony A580, 50mm en APSc, f/10, 1/60 segundos, ISO 200, cuatro flashes a 1/8 de potencia.

Fotografiar fauna salvaje durante la noche supone todo un reto para el fotógrafo de naturaleza, ya que nos obliga a movernos en unas condiciones para las que el ser humano no está adaptado, mientras que las especies que pretendemos fotografiar se desenvuelven perfectamente en condiciones de total oscuridad.

Esto nos obliga a poner en práctica una serie de técnicas y habilidades que la hacen más apasionante si cabe, ya que al no estar detrás del visor enfocando el objetivo, nunca sabremos realmente lo que nos vamos a encontrar en el sensor de nuestra cámara.

En este artículo intentaré poner un poco de “luz”, para todo aquel que quiera iniciarse en esta modalidad fotográfica.

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Gineta. Exif: Sony A580, 45mm en APSc, f/8, 1/60 segundos, ISO 100, cuatro flashes a 1/4 de potencia.

La parte más importante y difícil será la localización de la fauna que queremos fotografiar. Para ello resulta imprescindible tener ciertos conocimientos sobre las especies, sus costumbres y comportamiento. Estos, como los seres humanos, si no son molestados no suelen variar su rutina diaria. Encontrar sus huellas y/o excrementos y lo frescos que estén nos indicará si sus senderos han sido utilizados recientemente. 

Como las personas en la ciudad, los animales en el campo utilizan para desplazarse las mismas vías, pasos o sendas cada noche. Encontrar estos senderos nos dará la pista sobre el animal que estamos buscando.

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Nutria. Exif: Sony A580, 70mm en APSc, f/7.1, 1/25 segundos, ISO 200, tres flashes a 1/4 de potencia.

Suele dar buen resultado buscar cerca de cursos de agua, con frondosa vegetación y bosque de ribera. Son ecosistemas que albergan una abundante fauna, muchas potenciales presas. Y si hay presas, hay animales que se las comen.

Una vez elegido el lugar donde vamos a realizar las fotos, podemos ir dejando algo de comida regularmente y colocar una cámara de fototrampeo. Esta nos dará la información necesaria sobre el animal en cuestión, sus movimientos, por donde entra o sale del escenario y las horas en que lo hace.

Estas cámaras disponen de un sensor de movimiento y son capaces de grabar en total oscuridad.

Existe una gran variedad de marcas y modelos en el mercado. Yo las utilizo de dos tipos: una de leds invisibles, los animales recelan menos pero su alcance es menor; la otra utiliza leds infrarrojos de mayor alcance, pero algunos animales los detectan y recelan un poco.

Como escenario de nuestras fotografías buscaremos algo elevado y que resalte sobre el terreno. Una vieja tronca o una piedra que destaque suele quedar bien. Al estar elevado nos evitaremos que perros u otros animales domésticos acudan al olor del cebo y nos roben la comida. Con gatos domésticos el problema es mayor, ya que trepan por cualquier sitio. Conforme nos alejemos de núcleos urbanos las probabilidades de que nos visiten disminuyen.

Ahora toca montar todo el equipo, que consistirá en:

-Cámara: no es necesario que sea una cámara cara, ya que la utilizaremos siempre en modo manual, ISO entre 100 y 200 y a diafragmas cerrados. Debe disponer de entrada para disparador por cable remoto, que se pueda desactivar el modo de ahorro de energía y el de visualización de imágenes. Si, además, la dotamos de una empuñadura o grip con dos baterías, duplicaremos la duración es estas.

-Objetivo: preferiblemente que sea de tipo zoom, con una gama focal entre 50 y 125mm suele ser suficiente. Buscaremos diafragmas cerrados entre f/8 y f/16, para obtener la mayor profundidad de campo posible.

-Flashes: Yo recomiendo un mínimo de tres, para dar una iluminación homogénea a la escena. Estos también deben tener la opción de desactivar el modo reposo, que no todos  tienen, ya que si tiene que activarse el flash al paso del animal, este ya estará fuera del encuadre al hacer la foto. Lo normal es ponerlos en modo manual, con un rango de potencias entre 1/4, 1/8, 1/16 podemos cubrir casi todas las necesidades que se nos planteen.

-Disparadores remotos de flash: Hay de varios tipos. Por radiofrecuencia, más fiables y de mayor alcance. De células fotoeléctricas, que se activan al recibir el destello de un flash maestro. Estas tienen menor alcance y pueden fallar, sobre todo si algún elemento como un tronco, etc., se interpone entre el flash maestro y el receptor.

Algunos flashes llevan incorporado un receptor para ser utilizados como flash esclavo, lo que nos ahorrará gastos en pilas.

-Barrera de infrarrojos: Estas emiten un haz de luz infrarroja, indetectable, que al ser cortado por algún animal activa el disparador de la cámara. La hay de dos tipos: autorreflexiva, que constan de un solo módulo, muy cómodas de utilizar y más discretas, aunque a veces cuesta un poco establecer el punto exacto por donde el animal cortará la barrera. De dos módulos, enfrentados entre sí, el rayo pasa de un módulo al otro. Más aparatosa y a veces cuesta sacar fuera del encuadre el módulo que tenemos enfrente.

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Salto de garduña. Exif: Sony A580, 60mm en APSc, f/11, 1/60 segundos, ISO 200, cuatro flashes a 1/8 de potencia.

Según el tipo de imagen que tratemos de obtener, ambas tienen sus ventajas e inconvenientes.

-Trípodes y soportes: todo nuestro equipo tendremos que colocarlo adecuadamente, por lo que conviene disponer de algún trípode, soportes con mini rótulas para los flashes y la barrera, etc. De todas formas, si el terreno me lo permite, prefiero aprovechar los elementos naturales como troncos, ramas o piedras para colocar el equipo, para ello utilizo correas, gomas elásticas resistentes o pinzas. Esto me permite integrar mejor el equipo en el entorno y que pase más desapercibido, tanto para la fauna como para los amigos de lo ajeno.

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Motaje con cuatro flashes para realizar la fotografía “Salto de la garduña”.

Otro factor a tener en cuenta es proteger nuestro equipo de las inclemencias del tiempo. Hay que pensar que casi siempre lo dejaremos toda la noche, soportando bajas temperaturas o algún chaparrón inesperado. Para ello utilizo tela de camuflaje impermeable con la que envuelvo todos los elementos. A parte de protegerlos, ayuda a mimetizarlos con el entorno.

Algunas especies son más tolerantes que otras a la presencia de objetos extraños en su territorio. Si el animal es desconfiado suelo dejar en el lugar donde va cada elemento, unos flashes y cámaras de “pega”, hechos de cartón o plástico, para que se vaya acostumbrando a su presencia. La noche que voy a realizar las fotos, los sustituyo por los de verdad y el animal entra sin problemas.

En cuanto a la colocación de los flashes dependerá del número que tengamos. No hay una regla fija, pero si conviene que estén separados de la cámara para evitar los ojos rojos o reflejos indeseados.

Un esquema básico de tres flashes sería colocar dos principales, uno a cada lado de la cámara como mínimo en un ángulo de 45º y a diferentes alturas para dar volumen al animal y un tercero a la contra, para siluetear y/o aislarlo del fondo.

Si disponemos de cuatro o más flashes podemos ser más creativos y dar rienda suelta a nuestra imaginación. Dedicar uno o dos flashes para iluminar el fondo, dar luz cenital para simular la luz de la Luna, etc. Iremos variando la iluminación hasta encontrar la que más nos guste.

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El autor comprobando el funcionamiento de la barrera.

La fauna nocturna suele ser bastante tolerante a los destellos del flash y el ruido del obturador de la cámara, pero conviene ir poco a poco para que se vaya acostumbrando.

Para empezar, casi nunca suelo utilizar la ráfaga y no utilizo más de tres flashes a potencias muy bajas. De esta manera el animal al primer sobresalto, si se marcha, suele volver al poco tiempo, y cuando comprueba que esos destellos son totalmente inofensivos termina por ignorarlos. Entonces podremos ir aumentando el número de flashes y su potencia.

En cuanto a la cámara, algunos mamíferos sí se muestran sensibles al ruido del obturador, marchándose al primer disparo, por lo que solo tendríamos una oportunidad cada noche. Podemos solucionarlo dotando a la cámara de una funda gruesa tipo neopreno o fabricándonos una con goma espuma gruesa. Esto amortiguará en gran medida el sonido del espejo al levantarse.

Aún así, debemos tener siempre presente, que estamos interfiriendo en la vida de la fauna salvaje. Ni la mejor fotografía del mundo justifica que se ponga en peligro la vida o el bienestar de ningún ser vivo, por lo que ante la más mínima señal de que nuestra presencia altera el comportamiento de nuestro modelo fotográfico hay que recoger todos los bártulos y alejarse del lugar, dejándolo todo como estaba antes de nuestra llegada. 

Mi lema es: nunca pierdo una fotografía por abandonar a tiempo y sé que ese animal, si puede vivir tranquilo en su hábitat natural, me dará otra oportunidad más tarde.

Si tenemos esto siempre presente, junto con una buena dosis de paciencia y perseverancia, tendremos gran parte del camino andado para conseguir bonitas instantáneas de nuestra fauna más esquiva y misteriosa.

Antonio Hernández Robles

Este y más artículos pueden descargarlos en la revista de Fotógrafo Nocturno.

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