El Pueblo fantasma

El pueblo fantasma

Muchos somos los fotógrafos que nos desplazamos hasta este pueblo zaragozano con la ilusión de conocerlo. Mucho se habla de él también, pero pocos conocen su verdadera historia. 

Personalmente, llevo visitándolo desde 2.008, y creedme que son muchas fotografías las que hemos hecho. A pesar de ello y a pesar de que en la red hay mucha información sobre Belchite, creía justo y necesario publicar aquí este artículo que diera a conocer un poco más en profundidad el por qué del también llamado “pueblo viejo”. 

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Interior del ex convento de San Agustín.

La televisión se ha encargado de hacerlo famoso por sus supuestas psicofonías. También se ha convertido en un lugar de culto para grabación de spots publicitarios, reportajes fotográficos, gente aficionada al estudio de sucesos bélicos y un largo etcétera de intereses distintos que llevan al visitante a acercarse a esta pequeña villa. 

En los últimos años, quienes lo hemos visitado, temíamos por su integridad. Calles llenas de escombros y casas a punto de hundirse era el panorama que nos encontrábamos. Hoy en día, afortunadamente, ya se han tomado medidas y por una cuota simbólica que se cobra al visitante podemos ver calles limpias, edificios apuntalados y mejoras que harán que este legado histórico se mantenga en pie durante años. 

¿Quién no ha visto en alguna ocasión una fotografia de la famosa Cruz de Belchite? ¿Quién no ha deseado acercarse y pasar una noche de emoción entre foto y foto? 

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Cruz de los caídos, en la Plaza Vieja.

Mi primer consejo es que hay que visitarlo de día. Podréis apreciar detalles que de noche quizás pasen desapercibidos. Además, esta primera prospección os ayudará a ir forjando en la mente las fotografías que podéis hacer de noche. 

Os recomiendo que hagáis el tour guiado, ya que los voluntarios os contarán paso a paso todos los detalles que encierran las calles e iglesias que veréis. 

Es un lugar con una historia dolorosa, por lo que no debemos perder nunca el respeto y nuestra actitud ha de estar a la altura de las circunstancias. Además, si adoptas este respeto, seguro que tus fotos serán mejores. No cabe duda que cuando el corazón y la cabeza están con tu cámara, el resultado es mucho mejor. Creeme. 

Después de este pequeño preámbulo, vamos a cultivar juntos nuestro conocimiento sobre el lugar. 

Nadie en casa

Un poco de historia

La primera noticia conocida sobre ocupación humana en la zona de Belchite es la de la Cueva de los Encantados. No es hasta la Edad del Hierro final cuando se ha podido constatar una presencia humana de importancia en este territorio. Es en este momento cuando se desarrollan una serie de asentamientos importantes, entre ellos alguno que pudo alcanzar la categoría de ciudad.

Siglos más tarde, Belchite se convirtió en una potencia, siendo uno de los municipios más importantes de Aragón durante la edad Moderna. Reflejo de esta prosperidad y crecimiento es la definitiva monumentalización de la villa de la cual disfrutamos hoy en día los fotógrafos que allí acudimos.

Numerosos palacios y casas nobles acompañaron a los restos monumentales más importantes del Belchite viejo que se han conservado hasta nuestros días (Iglesias de San Martín y San Agustín, de San Juan o Torre del Reloj, Convento de San Rafael, el Seminario, ermita de la Virgen de Pueyo o las puertas que circunvalaban la villa dándole acceso)

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Vista del techo derruído del ex convento de San Agustín.

Llegado el siglo XIX comenzó para Belchite un triste periodo en el que la prosperidad y la riqueza económica y de población fue sustituida por una serie de lamentables y devastadores episodios bélicos. Hemos de decir que esto ha sido lo que ha levantado el interés desde nuestro punto de vista fotográfico aunque, qué duda cabe, ojalá nunca hubiera ocurrido. 

Belchite, durante la Guerra de la Independencia, tuvo su participación en los hechos ocurridos durante el primer Sitio de Zaragoza.

Años después, e igualmente dentro del contexto de otro episodio zaragozano, la Cincomarzada, Belchite volvió a sufrir otro encuentro bélico. En 1.838, dentro de la línea de avance carlista al mando de Juan Cabañero Esponera, se produjo una nueva batalla en Belchite, previa al famoso intento de entrada en Zaragoza. Sin embargo, de estos episodios bélicos, el que más importancia y repercusión tuvo para la vida del pueblo fue el de la Guerra Civil española. 

En junio de 1.937, con el fin de distraer las operaciones, el estado mayor republicano preparó una serie de ofensivas con el fin de aliviar la presión de esta zona e inventó un avance en la zona de Belchite. 

Se dispuso un importante número de efectivos a lo largo del extenso frente de Aragón intentando contar con el factor sorpresa, que ya en otras ocasiones había resultado con éxito. El 24 de agosto se inició la ofensiva de Belchite, con el objetivo de realizar un avance rápido sobre Zaragoza para tratar de ocuparla y provocar así el desplazamiento de tropas franquistas desde el norte. Un total de algo más de 80.000 hombres, divididos en 4 agrupaciones principales, tenían como objetivo principal rodear y ocupar velozmente Zaragoza desde varios frentes, siendo el mayor el de Belchite.

El objetivo prioritario inicial era avanzar ordenada y rápidamente para conquistar los puntos claves y posibilitar la entrada en Zaragoza. Sin embargo, esta ambiciosa operación no tuvo los resultados esperados. El factor sorpresa, clave en la operación, llevada a cabo incluso principalmente de noche, se perdió debido a la falta de coordinación entre todos los frentes, la inexperiencia de las tropas, los fallos de intendencia y, sobre todo, en el detenimiento de las acciones militares en puntos no prioritarios de la ofensiva, como pudo ser Belchite.

Durante días, mediante duros combates, el cerco sobre la villa se fue completando, quedando pequeños reductos de resistencia, como el Seminario, que finalmente terminarían igualmente cayendo el 2 de septiembre. 

La aviación jugó un importante papel, tanto en acciones de ataque como de aprovisionamiento para los sitiados. Una vez alcanzado el casco urbano, los combates se desarrollaron casa por casa, hasta restringir un ultimo núcleo de resistencia en torno al Ayuntamiento y viviendas adyacentes, así como la torre de la Iglesia de San Martín.

 Estos últimos reductos, a pesar de los postreros intentos de resistencia y huida de sus defensores, fueron tomados finalmente el día 6 de septiembre.

La batalla de Belchite tuvo su segundo episodio en 1.938 con la gran ofensiva final del ejército franquista que supuso el inicio del fin de la Guerra Civil.

Este acontecimiento bélico marcó el final de muchos siglos de historia. La villa histórica de Belchite fue despoblándose paulatinamente debido a decisiones políticas y propagandísticas del bando vencedor.

Sus edificios, debido por una parte a los daños sufridos, pero principalmente al abandono, las inclemencias del tiempo y el paso de los años, permanecen todavía como testigos no tan mudos de un importante y extenso pasado.

Te sientas
Calle Mayor.

Lugares destacados

Calle Mayor. Parte desde el Arco de la Villa y llega hasta la Plaza Vieja, a la altura de la Iglesia de San Juan o Torre del Reloj, cambia de nombre transformándose en la Subida de San Juan. A lo largo de esta calle se encontraban las casas más nobles, así como los principales comercios y bares. Sus edificios se mantienen en pie hasta bien entrados los años 80 y muchos de ellos fueron utilizados para diferentes usos hasta cerca de la década de los 90. 

Ex Convento de San Agustín. Siglo XVII bárroco-mudejar. Iglesia barroca y restos del claustro renacentista y refectorio de planta jesuítica, nave única de cuatro tramos con capillas laterales comunicadas entre sí. Decoración en estuco con motivos vegetales, animales, angelotes e imágenes de santos. La parte posterior fue dinamitada por artificieros del batallón Lincoln. La fachada está formada por tres cuerpos y tres calles separadas por pilastras, en el centro se abre la puerta en arco de medio punto que recuerda la entrada de una mezquita. La fachada está rematada con un frontón curvo con un óculo en el centro. La torre es de tres cuerpos, los dos primeros de planta cuadrada y el tercero octogonal, decorados con motivos geométricos de ladrillo. En una esquina se puede observar un obús de 150mm incrustado que no llegó a explotar. 

En el lateral izquierdo se encontraba el claustro que quedó destruido en el Siglo XVIII tras un incendio y que nunca se volvió a reconstruir. Tras la desamortización de Mendizabal los agustinos perdieron la propiedad y pasó a convertirse en segunda iglesia parroquial. En una de sus capillas todavía se puede ver el año en la que se terminó de construir: 1.745. 

Después de la Guerra Civil se convierte en la Iglesia Parroquial y permanece abierta al culto hasta principios de los años 60. Para ello, se construyó una estructura de maderos que sujetaba la cúpula del fondo y un tabique que separaba la parte utilizable de la iglesia. Tras su abandono, el tejado fue desmontado, quedando hoy en día tan solo los arcos de medio punto que lo sujetaban. 

En la plaza que hay enfrente se encontraban algunos edificios interesantes, como la fonda de las Escatroneras o la casa del célebre bandido Calzapreta. 

Plaza Nueva, Casa de la Domi,  Comandancia. De la Plaza Nueva, el único edificio que se puede identificar con claridad es la Casa de la Domi (propiedad de Dominica Fanlo). Es un edificio de cuatro plantas, la planta baja estaba ocupada por un comercio textil, todavía son visibles las persianas, era el edificio más moderno del pueblo y contaba con agua corriente que tomaba de la fuente de la plaza. Durante la guerra, el Comandante Santa Pau instaló aquí su Jefatura de falange. En los últimos días del asedio se improvisó en la planta baja un hospital de campaña. Tras la guerra, en los bajos hubo instalada una farmacia. 

Aunque solo queda en pie la casa de la Domi, jugó un papel importante durante la Batalla de Belchite. En una esquina, junto a la casa de la Domi, estaba el Ayuntamiento, que era utilizado junto con la casa como Comandancia y fue uno de los últimos reductos durante el cerco. Justo enfrente de la Plaza estaba el Banco Zaragozano, haciendo esquina con la Calle del Señor. En esa plaza murió el alcalde de Belchite, Alfonso Trallero, junto con otras 14 personas, tras estallarle un mortero que manipulaba. 

En el otro extremo había una vivienda donde estuvo alojado el batallón de zapadores “los Barbis”. La fuente que se encuentra en el centro de la plaza estuvo en el pueblo nuevo y posteriormente se volvió a colocar en su ubicación original, conservándose prácticamente intacta hasta hace un par de años. 

Desde esta plaza inciaron la salida por la Calle del Señor, situada enfrente, los últimos defensores que rompieron el cerco el 5 de septiembre.  

No pudo huir

Plaza Vieja, Cruz de los Caídos. En la actualidad, una enorme cruz de hierro forjado ocupa su centro. Originalmente, tras la guerra, hubo una cruz de menor tamaño, la actual fue forjada por prisioneros republicanos. Cuenta la tradición que tiene tantos remaches como prisioneros había en el campo de penados. Existe otra cruz exactamente igual en Santa María de la Cabeza (Andujar-Jaen). Tras la batalla fueron amontonados aquí una gran parte de los cuerpos, algunos todavía moribundos, y fueron incinerados. 

Hacia el Sur se accedía a la Plaza del Ferial, hoy desaparecida, donde estaban las Escuelas Viejas y se celebraban las ferias de ganado, siendo uno de los centros de actividad social más importantes de la época. A la izquierda de la cruz y en la esquina de la plaza, estaba situado el Centro Republicano, del que en la actualidad tan solo quedan los cimientos. 

Tras la Guerra Civil, esta plaza fue lugar de actos de adhesión al régimen franquista y conmemoraciones multitudinarias por parte de sus simpatizantes. 

Iglesia de san Juan, Torre del Reloj. Siglo XVIII. Barroco clasicista. Templo de mampostería y ladrillo de tres naves, hoy solo queda en pie la fachada y algunos muros La fachada es de sobria composición, con una portada de dos cuerpos. En el inferior encontramos la puerta con forma de arco de medio punto, flanqueada con pilastras. En la parte superior encontramos una hornacina central y un óculo oval sobre el que se abren dos vanos de medio punto que alojaron campanas. 

El edificio contaba con una escuela y un cementerio. Aunque solo queda en pie la nave central, en su día el conjunto ocupó toda la manzana. La calle de atrás era conocida como la Calle de las Monjas y la silueta del cimborrio de la nave central formaba un conjunto inconfundible desde lejos junto con la iglesia de San Martín. Durante el asedio sirvió, al igual que muchos edificios, como improvisado hospital de campaña. Las monjas titulares salvaron la vida, al igual que el párroco del pueblo, debido a que este último había sido seminarista junto con el Comandante en Jefe del Ejercito del Este Republicano, Sebastián Pozas Perea.

Mario Rubio y Ayuntamiento de Belchite

Este y más artículos pueden descargarlos en la revista de Fotógrafo Nocturno.

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