Un mundo sin luz

Unos buscan la oscuridad en la noche, otros la oscuridad en el estudio, otros en lugares cerrados o abandonados, pero la oscuridad absoluta, la más real, natural y permanente se encuentra en el interior de la Tierra, en el mundo subterráneo. Ahí abajo, la oscuridad te atrapa en una sensación única.

Pertenezco al Club de Montaña Lapiaz, con los que practico la espeleología desde hace muchos años, y a la asociación Fonamad (Fotógrafos de Naturaleza de Madrid), donde formo parte de la Junta Directiva. La espeleo siempre me ha atraído mucho como actividad, pero cada vez que entraba en las cuevas no paraba de imaginarme en cada tramo con mi cámara para reproducir toda esa belleza, que yo luego contaba a mi salida, y que, además, mi imaginación no sería nunca capaz de igualar. Lo cierto es que la práctica de la espeleo con amigos es prácticamente incompatible con la espeleo “creativa”.

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Foto ganadora en la categoría Actividad de Montaña en el concurso Montphoto 2.014. Foto de José Ángel Izquierdo

En mi afán por conjugar espeleología y fotografía, navegando por la red, me topé con espeleofoto.com, y más concretamente con su creador Roberto F. García. Entonces, me di cuenta de que había más gente con la misma inquietud, y así conseguí casar mis dos pasiones. La fotografía requiere paciencia y, sobre todo, tiempo, y más en las cuevas, donde existen muchos factores que hay que tener en cuenta. No solo la ausencia de luz, sino también la orografía del terreno, las inclemencias como el frío, la humedad e incluso el propio cansancio hasta que llegamos al lugar deseado. En Espeleofoto participan mas de 50 personas, que colaboran y ayudan para conseguir la toma perfecta. La espeleofotografía es una labor de equipo.

Creo que soy privilegiado al ser de los pocos fotógrafos que tiene la posibilidad de contemplar otros paisajes diferentes a los que estamos acostumbrados a ver.

Mundo subterráneo

En nuestro país, entre un 20 y un 30 por ciento del terreno es karstico. Esto que quiere decir que las zonas calizas son propensas a encontrar cavidades que en su gran mayoría han sido erosionadas por el agua, llegando a formar un mundo subterráneo repleto de galerías, salas y diversidad de espeleotemas. España es un país muy rico en cuevas, llegando al alcanzar mas de 30.000 cavidades conocidas, exploradas y topografiádas. Existen unas 15 simas que superan los 1.000 metros de profundidad, y entre ellas hay dos, como son la Torca del Cuevón (Asturias) y la sima de la Cornisa (León), que superan los 1.500 metros de profundidad y que se encuentran entre las 10 más profundas del mundo. La cueva con el pozo mas profundo es el Pozo de los Pasiegos (Cantabria), con 346 metros.

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Foto ganadora del Primer Premio en el xxxVI concurso Internacional de Fotografía Espeleológica en 2.013. Foto de José Ángel Izquierdo.

En lo que se refiere a desarrollo, existen 10 cuevas que superan los 100 Km de longitud, y 2 de ellas se encuentran entre las 20 más largas del mundo, con 120 km y 112 km que son Sistema de Mortillano y Alto Tejuelo, ambas en Cantábria

La fotografía subterránea

Partimos de que el medio en el que nos encontramos es un lugar oscuro, muy oscuro, y sólo iluminado por nuestros frontales. En las cuevas normalmente hay barro, las piedras resbalan, la humedad ronda el 90%, y suele hacer frío (4-14 grados). En primer lugar, tenemos que ir bien equipados con ropa que nos proteja del frío y la humedad, porque en muchas ocasiones nos encontraremos a la espera del avance por la cueva, o bien parados haciendo las fotos. El material de ascenso y descenso, también es indispensable, y necesario para llegar a los lugares mas inaccesibles. Importante no olvidar comida y agua, en muchos casos podemos llegar a permanecer dentro mas de ocho horas.

 

El material fotográfico es delicado, y por eso debe ir bien protegidos en maletas y bidones estancos del polvo, la humedad y los posibles golpes.

Normalmente, usaba para fotografiar una Canon 5D MkII con un objetivo Canon 17-40 f/4, pero debido a la optimización del peso del equipo, ahora utilizo una cámara sin espejo Fuji XT-1 con un objetivo Zeis 12mm f/2.8. Se suelen llevar entre 7 y 9 flashes, acompañados con sus respectivos disparadores remotos, mando a distancia, trípode, baterías y pilas de repuesto. Los  accesorios de iluminación, debido al tamaño y espacios disponibles, en muchos casos son objetos caseros, como bolsas de basura blanca utilizadas como difusores, cartones de tetrabrik cómo concentradores de luz, nidos de abeja con pajitas, tupperwares para meter los flashes dentro y sumergirlos en el agua.

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Cueva en Trieste (Italia). Foto de José Ángel Izquierdo.

Fotografía de paisaje y acción

Este es el tipo de fotografía que más se suele hacer. Lo que diferencia a la fotografía de acción de la de paisaje es, principalmente, el modo en que realizamos las tomas. Para la fotografía de paisaje nuestros aliados son el trípode, el gran angular y disparadores que sincronizan con los flashes. La cámara en modo Bulb para parar el tiempo. Es una foto mas elaborada y estudiada en la que no tratamos solamente de iluminar, sino de conseguir ambiente de luces y sombras, resaltando las texturas y las rocas, y donde el modelo será un referente y marcará la proporción en la escena. Los ISOS utilizados suelen ser entre 100 y 400 y el diafragma entre f/8 y f/11, dependiendo de la profundidad de campo. 

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Cueva Coventosa (Cantabria). Foto de José Ángel Izquierdo.

Una vez seleccionado el encuadre deseado y dependiendo de la magnitud del lugar, procedemos a colocar a los espeleólogos que harán de modelos. Posteriormente, hay que buscar los lugares estratégicos donde colocaremos los flashes (trípodes auxiliares, suelo, rocas…), o bien utilizaremos a los ayudantes con los flashes para dirigir la luz al lugar deseado. Es muy importante que los flashes y los ayudantes queden bien escondidos para que no aparezcan en el encuadre. Podemos ayudarnos de las bolsas de basura en el flash, a modo de difusor, para no generar una luz muy fuerte.  

Dependiendo de cómo sea el escenario y la creatividad del fotógrafo, se decide iluminar al modelo con una luz directa, o bien marcar la silueta en sombra, realizar contraluces, o combinación de varias técnicas, ya que no hay un criterio establecido. 

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Cueva de Mendukilo (Navarra). Foto de Roberto F. garcía. Cueva Coventosa (Cantabria). Foto de José Ángel Izquierdo.

Con el escenario montado, se realizan las pruebas de iluminación con los flashes y se ajusta la potencia de los mismos hasta conseguir la iluminación deseada. Una vez que realizamos el disparo de la cámara en modo Bulb, automáticamente se disparan los flashes y, si es necesario, los disparamos de nuevo para dar más iluminación a la escena o a otros lugares donde el flash no lo teníamos apuntado. Siempre se debe procurar que el modelo se mueva lo menos posible y en el último momento de la foto iluminarle a él. 

Respecto a la fotografía de acción, la cámara la llevamos en mano y usamos parámetros similares, pero con velocidades de disparo entre 1/60 y 1/100 y utilizando los flashes sincronizados con la cámara para conseguir congelar el instante deseado. El protagonista es el modelo y no se necesita tanta preparación, simplemente con un par de ayudantes que lleven unos flashes en la mano se pueden realizar fotografías en lugares estrechos y sin necesidad de trípode.

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Cueva Llonin (Asturias). Foto de Adrián Vázquez.

Fotografía en grandes volúmenes

Este tipo de fotografía requiere la colaboración de un equipo grande. Las salas son muy amplias y hay que hacer tomas por zonas, como si fuera una panorámica. En España hay un especialista en esta materia, Sergio Laburu (miembro de Espeleofoto), y Felix Ugarte Elkartea, el cual es el único que ha conseguido fotografiar en su totalidad una de las salas más grande del mundo, como es La Verna (Francia), con una planta de 270×230 metros y una altura de 180 metros. 

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Torca del Carlista (Vizcaya). Foto de Sergio Laburu.

Es necesario realizar una buena planificación y coordinación del equipo. En primer lugar, el fotógrafo debe situar su cámara en la mejor ubicación de la sala, luego debe distribuir a los ayudantes en las zonas a iluminar y comunicarse con ellos por emisoras de radiofrecuencia, ya que el sonido retumba. Se divide el escenario en cuadrantes, con el fin de iluminar de uno en uno, ayudados con un puntero laser para indicar cuál es la zona a iluminar. Este proceso puede durar unas cuantas horas desde que se inicia la primera foto hasta el final. Es mejor para este tipo de tomas realizar las fotos con un objetivo 24-105 y usar un diafragma f/8 con unos ISOS entre 200 y 400. La iluminación se suele realizar con flashes y pintando con iluminación de led de los cascos, que tienen una temperatura de color algo más fría que un flash. Por último se ilumina al modelo con un toque de flash.

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Cueva en Trieste (Italia). Foto de José Ángel Izquierdo.

Fotografía macro

Este tipo de fotografía en cuevas a veces no resulta sencilla, ya que aislar al motivo puede resultar muy complicado. Se suele utilizar el trípode y la cámara con un objetivo macro de 100mm. Para la iluminación, uno o dos flahses con sus disparadores respectivos serán suficientes, algún reflector y difusores.

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Macrofotografía. Foto de Roberto F. García.

Y para finalizar: si alguien se quiere iniciar en la fotografía subterránea, en ningún caso debe adentrarse en una cueva solo. Deberemos hacer un curso de iniciación a la espeleología y tener en vigor el correspondiente seguro y licencia federativa. Existen cuevas fáciles y cuevas menos fáciles, en las que se requiere un dominio de la técnica, por lo que deberemos practicar para adentrarnos en ellas.

 Nos vemos en las profundidades y, si no, yo te las mostraré…

José Ángel Izquierdo

Este y más artículos pueden descargarlos en la revista de Fotógrafo Nocturno.

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