Islandia con el Sigma 14-24mm f/2.8 HSM ART

Viajar durante una semana por toda Islandia es una maravilla. Paisajes infinitos, momentos de luz mágicos, cascadas que asombran a quienes las contemplan por primera vez y ríos y más ríos que discurren hacia el mar. Mar que alberga el deshielo de algún glaciar… 

Todo esto es una joya de museo para un fotógrafo de naturaleza y, por tanto, nos gusta hacer las mejores fotografías y nos gusta ayudarnos de los mejores objetivos. 

Uno de los que he llevado a este último viaje ha sido el ultra gran angular Sigma 14-24mm f/2.8 HSM ART. 

Muchos me habéis preguntado por mis impresiones con este objetivo. Si merece la pena, si es tan nítido como sus homólogos, si es pesado, si está preparado para trabajar en situaciones duras… 

Pues bien, aprovechando la publicación de este número de la revista y que coincide con la vuelta de mi viaje a Islandia, en el que lo he usado de manera intensiva, me he animado a escribir unas líneas sobre él y mostraros algunas imágenes que creo que ilustrarán perfectamente lo que aquí os cuento. 

Primero de todo, dejadme que os diga, para quien no me conozca, que mis impresiones y reviews de producto no las baso es curvas MTF, ni ángulos de distorsión, ni datos muy técnicos. Los baso en mis impresiones, en lo que siento cuando fotografío, en lo que veo que es capaz de darme este objetivo. Si eres muy técnico, quizás no te guste este artículo. Si eres más emocional y visceral, como yo, seguro que te gustará. 

Por un lado vamos a contextualizar la aparición de esta lente en el mercado. Sigma lo caracteriza como uno de los big three, que serían este 14-24mm, el 24-70mm y el 70-200mm de la serie Art. 

Para empezar, en el mercado hay varias lentes con focales iguales o similares. Entonces, ¿qué aporta esta a lo que ya existe? Pues aquí diría que lo que aporta es que está diseñada para cámaras con sensores incluso superiores a 50 megapíxeles, aunque rinde perfectamente en cámaras con menor resolución. En mi caso, he usado este objetivo con la Nikon D850, de 46 megapíxeles, y el rendimiento ha sido más que bueno. 

Esta diría que es la primera y más importante novedad, ya que las lentes que existen propias de las marcas de las cámaras ya tienen unos cuantos años y no se diseñaron para sensores con tanta resolución. 

Además, entra en el rango de los ultra gran angulares, pero a un precio más reducido que sus homólogos, lo cual lo hace más atractivo para el fotógrafo de paisaje. 

Su peso ronda los 1,150 kg y su distancia mínima de enfoque es de 26 centímetros para la focal de 24mm. Esto me sugiere que es ideal para llevar a cabo técnicas como el focus stacking y el focal stacking. 

Si sois seguidores de mis redes sociales, seguramente veríais cómo trabajé en condiciones de lluvia intensa con este objetivo en Islandia. Fueron varias las publicaciones al respecto que hice en las stories de Instagram. Así podíais ver que el objetivo estaba completamente chorreando agua. En ningún momento mostró el más mínimo problema, y es que no solo viene sellado sino que, además, tiene una película en el cristal que hace que las gotas de agua resbalen y no permanezcan en él. Aunque el fabricante afirme que es resistente al polvo y salpicaduras, yo me atrevería a decir que es resistente a la lluvia intensa… 

Al poseer motor de enfoque, de ahí sus siglas HSM, su enfoque es rápido y silencioso, aunque a los fotógrafos de naturaleza esto no nos atañe directamente, pues solemos trabajar con trípode y más o menos calmados. Sin embargo, hago esta mención porque me llamó la atención lo suave de sus movimientos, tanto el anillo del zoom como el del enfoque parecen ir suaves como la seda. 

El parasol está incrustado en el objetivo y no se puede quitar. Por lo tanto, si queréis usar filtros, como yo lo he hecho, necesitáis un adaptador como el que suministra Lucroit y con el que podríais usar neutros, degradados, inversos y polarizadores. 

Pero ojo, si os vais a dedicar al vídeo o vais a hacer tomas de realidad virtual, Sigma ofrece la posibilidad de quitar el parasol. Este servicio que yo desconocía me ha gustado mucho ya que, lejos de condicionar el uso, abre sus puertas a un abanico más grande de posibilidades. 

En el número 8 de la revista hablé de su hermano, el Sigma 14mm f/1.8, y hacía mención a la poca distorsión que tenía a 14mm. Pues bien, este 14-24mm comulga con la misma característica, siendo la distorsión de las líneas rectas bastante moderada trabajando con la cámara nivelada al horizonte. Si se pica o contrapica, lógicamente las líneas convergen, pero con nivelación horizontal el resultado es superior a sus similares. 

Otra de las cosas en las que Sigma se ha esmerado, y es precisamente una de las preguntas más recurrentes que recibo, es el tema de la eliminación de flares. Si bien la lente cuenta con un cristal multicapa para evitar la condensación también tiene un muy buen sistema de control de los flares. No tenéis más que disparar con él con el Sol o la Luna en el encuadre para ver cómo, o no aparecen, o si aparecen se pueden eliminar reencuadrando con facilidad y sin volvernos locos, como ocurre muchas veces. 

Por sacar una pega diré que no está estabilizado. Algo que eché en falta en momentos en los que no podía montar el trípode y quería disparar a velocidades de medio segundo o un segundo a pulso.  No es un tema que me preocupe en exceso, pues siempre trabajo con trípode y son pocas las ocasiones en las que me veo en la necesidad de disparar sin él y a tan bajas velocidades de obturación. 

Dicho todo esto, solo me queda decir que sí recomiendo este objetivo para fotógrafos de paisaje. Una lente profesional, nítida, con un buen control de la distorsión, poca o nula tendencia a empeñarse y poco viñeteo, incluso a máximas aperturas. 

Mario Rubio

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